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PRESENTACIÓN DE LA EXPOSICIÓN CONMEMORANDO EL QUINTO CENTENARIO DE LA MUERTE DE COLÓN POR LA VICERRECTORA DE CULTURA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

GÓMEZ NAVAS, EL COLOR DE LA HISTORIA

Se va poniendo el sol de! Quinto Centenario. Poco a poco. Es un atardecer suave, cálido, que terminará, como una premonición cumplida, conmemorando la muerte del Almirante. Para cuando el sol se oculte por bajo del bauprés de las carabelas, solo nos quedarán los colores de la historia, la visión de un artista que es también marino, la pincelada de alguien que sabe de la mar y Los barcos, pero también de quienes los hacían navegar, de aquellos hombres sencillos a fuer de humildes, arrojados a fuer de arrogantes.

Vicente Gómez Navas es un artista que guarda un profundo sentimiento hacia la mar, es un pintor que conserva intacto su amor por las olas y los horizontes, por las velas y las jarcias, un amor que se basa en el conocimiento, en el saber navegar, porque es verdad que conocer la mar es siempre condición previa para amarla.

Su pintura envuelve, cautiva, Al final, siempre consigue que nos dejemos invadir por ella, por la mar y el tiempo, por un tiempo que nos alcanza como una ola suave deshecha en espuma en la propia orilla del presente.

Con Gómez Navas es posible zarpar de Palos de Moguer arropados por el viento del Atlántico. Como equipaje nos bastará su propio arte; como lectura, el diario del Almirante, cuyo faconismo transcribe Fray Bartolomé de las Casas: "partimos^ viernes 3 de agosto de 1492 de la barra de Saltes alas ocho horas".

Levar andas, largas velas. Nos espera el atlántico, en su inmensidad, nos espera la mar en toda su grandeza y aventura, nubes, ortos, atardeceres, infinitud de tonalidades reflejadas; noches de fanales iluminados. Tres pequeñas carabelas que él sabe dibujar exactamente, que a veces parece recortar sobre el horizonte; tres carabelas navegando, a veees en línea de frente, a veces capeando la marejada. Todo está escrito en sus lienzos. Fiel a la Historia, el artista llega inchiso\cambiar el aparejo de La Niña, tal como ei Almirante hiciera af slfifj^ Canarias, y sustituirá sus velas latinas por otras de aparejo redondo, que le den más "andar",

Y navegará, y nosotros con él, juntos, hasta el último cabo del tiempo, cuando "a las dos horas después de media noche apareció la tierra; de la cual estarían dos leguas..." "Y amainaron todas ¡as velas".

Será entonces cuando la historia alcance a la leyenda y dos mundos se encuentren, unidos por la mar y los amaneceres, cuando sea posible un futuro en el que el sol nunca se ponga sobre las Españas.

Hoy, al cabo del tiempo, las velas de la Santa María empiezan ya a reflejar la luz de ¡a tarde. La definitiva. Dentro de poco, el sol caerá plácidamente por bajo del bauprés de ¡a carabela, y derramará su postrero brillo sobre las aguas,

Será el último atardecer del Quinto Centenario, Amainarán todas las velas y el Almirante volverá a decirnos adiós.

Para entonces, nos quedará la obra de Vicente Gómez Navas, el artista y el marino que, por encima del tiempo, siempre consiguió el color exacto de la Historia.

Mercedes Vico Montcoliva Vicerrectora de Cultura

       

DISCURSO DEL PINTOR GÓMEZ NAVAS

 Hace 14 años que para festejar el 500 aniversario del  descubrimiento de América, la antigua Sociedad Malagueña de Ciencias auspició una exposición sobre el primer viaje de Colón que denominé “El Viaje del Descubrimiento”, donde plasmé en lienzo nueve acaecimientos de entre los muchos que sucedieron en aquella gesta. Fue la aportación de Málaga  a los actos del V Centenario en la  Expo. Universal de Sevilla del 92 a través de esta señera corporación. Cada cuadro iba acompañado de las frases que le dieron vida, tomadas del Diario de Navegación del Almirante.

      Fue su, entonces presidente, el Excmo. Sr. D. José Ángel Carrera Morales quien presentó los nueve óleos ante las autoridades locales e invitados,  en  la “Casa de las Columnas” de la Ciudad Hispalense, palacio que fue escuela de mareantes y lugar de donde partieron tantos hacia el Nuevo Mundo en aquellos lejanos días, tal como el poeta y Comisario de la Ciudad de Sevilla expuso en su cuidada prosa durante su intervención.                                                                                                                                       Hoy, gracias  a la gentileza de la Universidad de Málaga en el nombre de su Vicerrectora de Cultura, la Excma. Sra. Dª Mercedes Vico,  estos  óleos que sirvieron para evocar el V Centenario del  Descubrimiento, están nuevamente expuestos para conmemorar otro V centenario; el de la muerte del extraordinario navegante, ocurrida en Valladolid el 20 de mayo de 1506.

                                            

      Para, incluso los que tuvimos la fortuna de navegar bajo el mando de viejos capitanes en nuestras primeras singladuras de hace más de 50 años, nos cuesta comprender cómo se había desarrollado ese sexto sentido que a fuerza de un continuo otear horizontes, contemplar las formaciones de nubes, vientos, comportamientos de las olas,  aspirando para percibir olores, humedades, sabor salino,... habían podido llegar hasta   desmentir los instrumentos de a bordo en cuanto a predicción de tiempo y distancias. Viejos capitanes que ya cruzaban mares a finales de los mil ochocientos en interminables viajes a bordo de también viejos veleros.

    Hoy, los veteranos marinos ya no son como aquellos. Sin embargo algo queda, y es el orgullo de ser la última generación que hemos usado los logaritmos y el sextante para situarnos por las estrellas, estando más cerca en ciencia y arte de aquellos  que usaban el astrolabio o la ballestilla, aunque nos separen cientos de años, que de los contemporáneos de navegación por satélite que tras invadirles la tecnología, con solo apretar un botón, queda determinada la derrota con las coordenadas de destino, como ya en cierta ocasión comenté al dirigirme a mis compañeros de mar.

   Y por un curioso paralelismo, tuve la suerte de que mis primeros pasos en la pintura fuesen de raíces similares, ya que mis maestros, José Nogales, que me señaló el camino en mi niñez y Luis Berrobianco, que me lo afirmó en mi juventud como profesor, ya brillaron también, y con luz propia, en el siglo  diecinueve, como, repito, el viejo capitán que tuve y admiré en mis lejanas y primeras  singladuras.                                                                          

 

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GOMEZ NAVAS | vgomeznavas@hotmail.com