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Discurso de la entrega del óleo a la Real Academia de Bellas Artes de Málaga, con destino al Museo Provincial

 

APERTURA DEL ACTO POR LA EXCMA. SRA. VICERRECTORA DE CULTURA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA, Dª  MERCEDES VICO.

 

           Buenas tardes: De manera especial la Universidad de Málaga se siente hoy honrada y feliz de que las dos Instituciones más ilustradas, aquellas que dan lugar y razón de ser a la Universidad en la que nos encontramos hoy, se hallen aquí . Estamos en la casa de todos, en la casa de quien la hicieron posible y de los que hemos llegado después. Estemos bienvenidos.

          Tiene la palabra la presidencia del acto. El Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, nuestro querido y admirado, Excmo. Sr. D. Alfonso Canales.

Málaga ha sido siempre una ciudad festiva, propicia a las celebraciones y dispuesta en todo momento al alegre asueto, tan pronto se presente ocasión para ello. No es, pues, de extrañar que en el año 1789, cuando al otro lado de los Pirineos se esbozaba una tormenta cuyas consecuencias no tardaría España en experimentar, este puerto mediterráneo aprovechara la primavera para festejar  la proclamación de un nuevo Rey.

  El festejo elegido por las autoridades malagueñas tuvo algo de premonitorio: nada mejor que un simulado combate naval para hacer boca de lo que se nos vendría encima tres lustros más tarde. Pero la Historia es así. Nunca se sabrá el derrotero que habrán de tomar los acontecimientos, por más que no falten agoreros que pongan su gota de angostura en las más alegres circunstancias. No creo que fuese el caso de Málaga.

  Aquí la población se entraría, como suele, al jolgorio, y obedecería en lo posible las estrictas normas del bando hecho saber por Don Pablo de Arroyo, Gobernador Político y Militar. Málaga había prosperado durante el reinado de Carlos III, y los malagueños no tenían porque dudar acerca de que las cosas seguirían mas o menos lo mismo , e incluso de que irían a mejor a la vista del ritmo que marcaba el Puerto, gran impulsor de la vida económica.

  El Ilmo. Sr. D. Vicente Gómez Navas, Numerario de la Academia Malagueña de Ciencias, pintor por naturaleza y marino por vocación, ha tenido la gentileza de obsequiar a la Academia de San Telmo con un cuadro en el que, uniendo sus conocimientos y su destreza, evoca la festiva naumaquia que tuvo lugar en nuestras aguas, bajo un cielo sereno, ajeno a las tormentas políticas que se avecinaban.

  Nuestra Academia ha querido dejar constancia de su agradecimiento con esta publicación, en la que los Ilmos. Sres. D. Francisco Cabrera  y D. Manuel Olmedo, miembros de ambas corporaciones, han esbozado un panorama de lo que fue nuestra ciudad en aquel vértice de su desarrollo histórico, seguido de un apéndice documental que hace aun más viva la evocación.

  Espero y deseo que, en un futuro no lejano, el cuadro donado, que suma a su mérito artístico su valor documental, pueda ser admirado en la nueva sede de nuestro Museo de Artes.

 

 

 

                   PRESENTACIÓN DEL ÓLEO DEL

ILMO. SR. D. VICENTE GÓMEZ NAVAS

DEL LIBRO

MÁLAGA A FINES DEL SIGLO XVIII

 

(Rectorado de la UMA, 26-01-06)


 

Excma. Sra. Vicerrectora de la Universidad de Málaga, Excmo. Sr. Presidente de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, Ilmos. Académicos, señoras y señores.

 

  Me toca a mí esta noche la parte más fácil. Porque si cuando los profesores pronunciamos una conferencia, impartimos una clase, participamos en un congreso o presentamos un libro es obligado hacer un ejercicio de racionalidad en defensa de nuestras hipótesis y postulados, cuando hablamos de un amigo cultivamos más el afecto que la razón, y las palabras brotan casi sin pensarlas. Y así aquí, esta noche, hablamos, sobre todo, de afectos.

De afectos hacia una persona entrañable, hacia un amigo leal, hacia un compañero de la Academia de Ciencias que, además y por si lo anterior fuera poco, es un extraordinario pintor, un marinista singular que ha llevado la minuciosidad de su obra a extremos que hacen de muchos de sus cuadros documentos históricos inigualables.

Y nuestro afecto nace de una pasión compartida por el arte y por la mar que a los dos nos acompaña y nos une.

Y así, desde hace años, porque como decía don Miguel de Cervantes, amistades que son ciertas nadie las puede turbar.

Empezamos:

Vicente Gómez Navas inició sus primeros pasos en la pintura de la mano de su tío, el pintor José Nogales. Pasó su infancia en el domicilio familiar, en la Cortina del Muelle, tan cerca de nuestro mar y de nuestro puerto. Así, su vida de niño transcurrió a un paso de lo que después sería su trabajo y su vocación. Marino Mercante de profesión navegó durante años sintiendo la marisma en las cubiertas de los barcos, llenándose las retinas de océano y oliendo el salitre desde el puente de los buques.

Más tarde y quizás por ello, un día (un buen día diría yo), decidió dedicarse a pintar lo que tan intensamente había vivido y sentido a lo largo y a lo ancho de los siete mares. Y así, en 1973, presentó su primera Exposición a la que han seguido, en diferentes puntos de nuestra geografía, más de cuarenta certámenes en los cuales ha participado en solitario y otros tantos colgando algunos lienzos en colaboración con otros autores. En la mayoría de ellos, y quién sabe si por aquellas querencias infantiles, ha tenido una predilección especial por los temas portuarios, en los cuales y según nuestra opinión, puede considerarse un consumado maestro.

Su obra, no exenta de un toque impresionista que recuerda a las marinas de la Escuela Malagueña del siglo XIX, especialmente a las de Emilio Ocón, también, por cierto, marino de profesión y pintor por vocación, está considerada por Antonio Cobos, Decano de la Asociación Española de Críticos de Arte, entre las más destacadas de nuestros marinistas actuales.

Como ya dije en una ocasión anterior, en la que tuve el honor de presentar sus cuadros, Vicente es un marino metido a pintor, o -quién sabe- quizás sea un pintor metido a marino que, en cualquier caso, es una simbiosis extraordinaria de vocaciones encontradas. Y yo decía entonces que hay que ser marino para pintar así; y que hay que ser muy pintor para dejar en cada uno de sus lienzos el sabor a mar, el olor a brea y a salitre. Desde luego, hay que ser muy pintor para explicar de esa manera el continuo devenir de aquellas olas amantes de nuestros azules mediterráneos que definiera Vicente Aleixandre.

Los lienzos de Gómez Navas sobre el Puerto de Málaga constituyen en sí mismo un documento histórico extraordinario por la rigurosidad con la que están realizados, al margen de una calidad pictórica indiscutible. Por todo ello, el simulacro de batalla naval que aquí contemplamos bien pudiera haber sido así, tal y como aquí le vemos.  

Efectivamente, en el cabildo celebrado en nuestra ciudad el día 6 de enero de 1789 fue leída una carta a todos los concejales en la que se contenían los actos protocolarios a seguir en la real proclamación del cada soberano. De inmediato, formáronse las comisiones y aprontáronse los dineros necesarios en la forma acostumbrada.

Al fin, en Málaga, el sábado 16 de mayo del año del Señor de mil y setecientos y ochenta y nueve, siendo las cuatro de la tarde, Su Majestad don Carlos IV de Borbón, cumplidos los cuarenta de edad, era recibido como Rey de las Españas, mientras que el Alférez Mayor de la ciudad malagueña tremolaba el pendón y pronunciaba la fórmula habitual en la proclamación de un nuevo monarca: ¡Castilla, Castilla, Castilla por el Rey nuestro señor don Carlos cuarto, que viva!

Las fiestas habían comenzado: procesiones, juegos de alcancías, luminarias, máscaras y bailes y, además, una batalla.

Efectivamente, dos días después, en el puerto de Málaga tuvo lugar el ejercicio naval reseñado: la lucha incruenta y festiva entre una veintena de galeotas de moros y cristianos. Éstas últimas se situaron en el apostadero de la Caleta, mientras que el “enemigo” optó por la desembocadura del Guadalmedina. Desde ambas ensenadas, fueron acercando posiciones en distintos lances y amagos, ataques y retiradas perpetuadas para la Historia por el que fuera vigía de este puerto y hábil marino y cartógrafo don José Carrión de Mula, en un magnífico plano conservado en los fondos del Archivo General de la Marina en El Viso del Marqués.

El desenlace del combate resulta fácilmente imaginable dadas las circunstancias: los moros fueron hechos prisioneros, naturalmente por abordaje y con gran arrojo de los barcos cristianos, entre los que destacaron la fragata Triunfo, cuyo propio apelativo evita formular cualquier comentario.  

La Málaga variopinta y bulliciosa, cosmopolita y marinera de charranes, pilluelos y marengos, tan dada a celebraciones populares con los motivos más surrealistas -que igual participaba en fiestas de toros por el preñado de una reina o en luminarias por la procesión del Corpus-, concurrió asombrada y entusiasmada de la audacia y el coraje de los barcos propios desde el murallón del muelle de levante, en los altos de Gibralfaro, a los pies de la recién iniciada Aduana y a un paso de la flamante Alameda. Alameda nacida de la espuma del continuo besar de las olas, como Afrodita, según la definiera el recordado don Francisco Bejarano. Alameda levantada gracias a un proyecto que tan sólo cinco años atrás había sido aprobado por el padre del soberano cuya proclamación se celebraba.

Poco podía saber este pueblo y este rey que al otro lado de los Pirineos estaba gestándose una revolución llamada a terminar con la rígida estructura política y social del Antiguo Régimen. Y que el espectáculo festivo sería pronto sustituido por una guerra que llenó de tragedia los campos de Europa, como mi amigo y colega Manuel Olmedo acaba de recordarnos.

Todos estos actos, entre la conmemoración y la fiesta, han servido de causa y razón a nuestro amigo Vicente en su permanente empeño de llevar la pintura al terreno de la Historia y hacer de ésta una sucesión de lienzos que en sí mismo son documentos históricos. Y nos consta, que tras un análisis detenido ha seguido fielmente las fuentes escritas y planos de la época que describen la efeméride que acabamos de analizar con asombrosa rapidez.

Sólo me queda agradecer ya al Ilmo. Sr. D. Vicente Gómez Navas su generosidad para con esta Academia de Bellas Artes al realizar la donación de una obra de esta envergadura, que viene a enriquecer, aún más, los muy importantes fondos del Museo de Bellas Artes de Málaga: fondos que estamos seguros podrán ser contemplados en un futuro que deseamos cercano para bien de los malagueños, para bien de todos ustedes.

Amigo Vicente, amigo del alma, gracias, siempre gracias.

  Francisco Cabrera Pablos

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Glosa del óleo por su autor, el Numerario decano de la Academia Malagueña de Ciencias,  el pintor, Ilmo.Sr. D. Vicente Gómez Navas

 

 Excma. Sra. Vicerrectora de Cultura de la Universidad de Málaga

Excmo. Sr. Presidente e Ilmos. Sres. Académicos de Bellas Artes.

Excmo. Sr. Presidente e Ilmos. Sres. Académicos de Ciencias.

Sres. Representantes de Cajamar

Queridos compañeros,  Capitanes y Jefes de Máquinas de la Marina Mercante: sabios de la mar.

Sras. y Sres. Amigos todos:

    Voy a ser breve en mi intervención. Me limitaré a hacer algunas aclaraciones que considero fundamentales sobre la obra que en unos minutos podrán contemplar, obra que recrea el simulacro de la batalla naval entre moros y cristianos para festejar la Real proclamación de Carlos IV.

Antes de continuar quiero agradecer a mi estimado amigo D.Francisco Cabrera  sus palabras hacia mi persona, palabras exageradas debido posiblemente a nuestra amistad o tal vez  por esa tendencia que tenemos los andaluces  a magnificarlo todo, principalmente lo pequeño, como, a veces, minimizar lo grande: porque ¿Quién no ha oído decir en alguna ocasión, o lo ha dicho, en un día de un frío pelón, aquello de “si ...., hace fresquillo...”  Pero bueno, somos así y así debemos seguir siendo.

    También  deseo manifestar antes de hacer esos comentarios sobre el cuadro  y, su ejecución, mi agradecimiento a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo por la complacencia y aceptación de éste para que en su momento sea integrado en la nueva sede del Museo. Agradecimiento llevado a sus cotas más altas, porque hará que esta obra comparta espacio con las de mis maestros, que ya brillaron en el diecinueve, los pintores D. José Nogales, que me orientó hacia el arte en mi niñez y,  D. Luis Berrobianco,como profesor, que me lo afirmó en  mi juventud.

    Hago igualmente público, el orgullo que experimento que mi obra sobre este episodio histórico, haya sido el impulsor del volumen “Málaga a fines del siglo XVIII” de mis queridos amigos D.Manuel Olmedo y D. Francisco Cabrera; magnífico libro, no opúsculo, como ellos lo bautizan, de excelente impresión de grabados, dibujos, láminas y texto. Su redacción culta, clara,divulgativa y amena, hace, repito que me enorgullezca que mi  óleo quede impreso en esta pequeña joya de relatos históricos..

    Y ahora haré las aclaraciones.

    Carrión de Mula, dibujó en planta las distintas posiciones de las naves hasta situarlas en formación de combate a la altura de la actual farola, explicándolo en la leyenda del plano. Estas naves, designadas todas como galeotas, cabe suponer que no fue así, dado su número, por lo que es posible que interviniesen distintos tipos. Fuesen o no todas galeotas, tenían que prepararlas. Al  efectuarse el enfrentamiento con fuego real, tuvieron que artillarlas y fabricar castillos de proa para la fusilería, así como en la popa construir toldillas rígidas con el mismo fin y, subir la regala para proteger a los remeros. Por tanto, la configuración de estas embarcaciones no podían mostrar semejanza con las habituales de pesca o pequeño cabotaje existentes, pintándose cada bando de un color y enarbolando las respectivas banderas.

    La batalla comenzó donde se alinearon las naves en formación de combate, pero dado que esto era un espectáculo y el gentío se hacinaba en las murallas y embarcadero, he supuesto que algunas naves se acercarían a estos lugares, puesto que la dársena era amplia, ya que ocupaba toda la superficie del actual muelle 2, Paseo de los Curas y Parque.

    Para significar que en la bocana había embarcaciones, el primer plano de la recreación, está atravesado por unas ondas, propias de las que se forman al pasar un barco.

      La visión general está situada en ese lugar. Como si el observador estuviese en el puente de uno de las embarcaciones. Este punto de observación lo elegí tras hacer  unos bocetos y las siguientes consideraciones:

      Si pintaba la contienda desde detrás de la formación, según el grabado y a una corta distancia para apreciarla bien; las mismas  naves iban  a obstaculizar el panorama de Málaga.

      Si me alejaba para ver el enfrentamiento con más amplitud, Málaga quedaría lejana sin poder pormenorizarla, luego la solución estaba en acercar parte de la batalla a los muelles, observándola desde donde tuvo su inicio; con ello conseguía lo que para mi tenía más interés: plasmar la Málaga del último tercio del siglo XVIII, sin faltar a la Historia, ya que como he comentado, es de suponer que algunas naves se acercarían lo más posible para ofrecer mejor el espectáculo, espectáculo llevado con tanto ánimo de realismo que los cristianos hundieron un barco enemigo.

     El recinto de la Alcazaba que desde mediados del diecinueve hasta bien avanzado el siglo pasado, como muchos de los que ya los día, nos parecen horas, recordamos, estuvo cubierto de chabolas, chozas y pequeñas casas adosadas a las murallas. Sus torres aparecían encalas en parte, habitadas y tan confundida con el resto que apenas se distinguía el cerramiento, siendo su natural deterioro por el tiempo incrementado por el acaparamiento de sus piedras para la construcción descontrolada.

      En la época que nos ocupa, como se plasma en el óleo, su muralla y torres solo acusaban el paso de los años, estando libre de ocupaciones anárquicas, puesto que era recinto militar, estando habitada la Torre del Homenaje por el Vigía del Puerto: Don Joseph Carrión de Mula, autor del dibujo que ha dado origen al cuadro que comentamos.

      El amurallamiento de la parte de Málaga que daba al mar, partía desde su límite más oriental, hasta las fenicias, como se aprecian en uno de los grabados del Guadalhorce y, que un siglo después serían demolidas para el relleno del Parque.  Por su derribo, seguía el solar para la construcción del palacio de la Aduana, continuando en toda la Cortina del Muelle hasta donde había existido un gran agujero, que como se sabe fue la preocupación de los malagueños desde un siglo atrás por el temor de incursiones piratas. Este agujero le dio nombre a la entrada de calle Molina Larios como “El Boquete del Muelle” nombre que ha permanecido hasta los años sesenta del siglo anterior.

       Solo me resta decir que el lienzo, para mi, no presenta el atractivo de ese mismo lugar siglo y medio después cuando ya la desaparecida muralla dejaba contemplar más ciudad. El Parque embellecía su frente y las plácidas aguas portuarias cobijaban los últimos veleros junto a  viejos barcos de vapor en los que algunos de nosotros llegamos a navegar. Toda una Málaga romántica recordada con añoranza por la simple razón de aquella juventud que se fue y, solo por eso, ya que la realidad fue muy distinta.

       Pero esto fue un acontecimiento histórico y, aunque nos atraiga más el recuerdo de una Málaga que conocimos y la visión de un puerto plácido, había que perpetuar el final del siglo XVIII  y lo que ocurrió.

       Y es lo que he intentado relatar con colores.... luces.... y sombras.....

       Muchas Gracias

 

 

                                                                                                              

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GOMEZ NAVAS | vgomeznavas@hotmail.com